Temas en esta sección
Noticias
03.Mar.2017

Runggye Adak y el maltrato a los Nómadas Tibetanos

Runggye Adak y el maltrato a los Nómadas Tibetanos

Durante siglos, los nómadas que habitan la meseta tibetana han mantenido una estrecha comunión con su ecosistema. Su profundo conocimiento del terreno y las condiciones climáticas con el que cuentan ha sido pieza clave para su sobrevivencia y la de sus comunidades. Entre las actividades que aun forman parte de su día a día se encuentran la ganadería y la crianza del yak (animal originario de esta región).

Sin embargo, la invasión China de 1959 significó el inicio de una serie de restricciones impuestas al pueblo nómada por parte del estado comunista, que consideró “primitivo” el estilo de vida al que miles de tibetanos estaban acostumbrados en la región. Con el pasar del tiempo, les fueron decomisadas las propiedades que tenían y se le obligó a la mayoría a vivir en comunas, mientras que aquellos que se rehusaron sufrieron la confiscación de sus animales y la falta de un espacio para vivir.

Al robárseles su forma de vida tradicional, los nómadas se vieron en la necesidad de adentrase en las zonas urbanas, sin contar con las habilidades necesarias para competir con los tibetanos letrados o los habitantes chinos que fueron trasladados a la zona por el gobierno. Esto ocasionó su marginalización y en el peor de los casos, el recibir trato de criminales y ladrones.

Y como es práctica común en el Tibet actual, aquellos que han alzado la voz o protestado pacíficamente ante las políticas del estado chino se enfrentan al arresto, al encarcelamiento e incluso a la muerte, tal y como le sucedió a Norpa Yonten, un pastor de cabras de 49 años que fue asesinado en enero del 2012 durante un tiroteo masivo de las fuerzas armadas.

Uno de los casos que mayor cobertura internacional generó fue el que protagonizó Runggye Adak en el año 2007. Nómada de una villa llamada Yonru Kharshul, al este de Tíbet, y padre de 11 hijos, se ganó la admiración de su pueblo cuando, durante un evento público en el municipio cercano de Lithang valientemente pidió el regreso del Dalai Lama, la liberación de varios presos políticos y la independencia de Tíbet.

Fue el 1º de agosto de ese año, durante un festival y una carrera de caballos organizados en honor al monasterio de la región, que Runggye Adak subió al estrado y sin pensarlo dos veces, tomó el micrófono para dirigirse a la multitud y declarar: “Si no podemos invitar a nuestra casa al Dalai Lama, no tenemos libertad religiosa ni felicidad en Tíbet”. Además solicitó que el Panchen Lama y el respetado Tenzin Delek Rinpoche fueran puestos en libertad. Sus palabras recibieron estruendosos aplausos por parte de los asistentes.

Tan solo minutos después, oficiales del gobierno irrumpieron en el acto y aprehendieron a Adak, creando preocupación entre la concurrencia por el destino que le esperaba. Durante varios días posteriores al acto, alrededor de 200 tibetanos se congregaron afuera de la estación de policía de Lithang para exigir su liberación y permanecieron ahí hasta ser dispersados violentamente por el ejército y el propio cuerpo policiaco.

Sentenciado a 8 años de prisión por sus acciones, consideradas por el gobierno chino como un “grave incidente político” y una “provocación para socavar el poder del estado”, Runggye Adak fue asimismo sometido a tortura y periódicamente mantenido en aislamiento durante su condena. Junto a él, varios tibetanos que lo apoyaban también fueron encarcelados, entre ellos, tres de sus sobrinos, bajo el cargo de “poner en peligro la seguridad nacional”.

Durante su juicio, Runggye declaro en su defensa: “Yo quiero el regreso del Dalai Lama y quería hablar sobre los problemas y las injusticias que sufrimos en Tíbet, pero no tenemos la libertad para hacerlo. Eso me entristece y es por eso que actué”.

El 31 de julio del 2015, tras cumplir totalmente su sentencia, Runggye fue liberado sin notificación a su familia por parte de las autoridades chinas para evitar cualquier tipo de celebración pública. Sin embargo, al igual que todos los presos políticos puestos en libertad, sigue siendo considerado una amenaza para la estabilidad del país y sus pasos son continuamente monitoreados.

En cuanto a la vida de los nómadas, China continua destruyendo sus tradiciones, removiéndolos de sus tierras y reemplazándolos por compañías mineras y agrícolas para la explotación de los recursos del área. Esto, a pesar de que muchos expertos han hecho hincapié en las fallas de la implementación de estas políticas y el impacto que están teniendo en el calentamiento global; y a su vez, han reconocido el rol crucial que tiene el conocimiento milenario de los nómadas en la protección de los ecosistemas de la meseta tibetana.

height="330"

Compartir:
Escribe un comentario

Nota: Las opiniones aquí publicadas son por usuarios de TíbetMx. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.

Suscríbete a nuestro Newsletter

Cada mes estaremos redactando información importante acerca de la causa tibetana. Si quieres recibir esta información: suscríbete a nuestro Newsletter y recibe la información más actualizada: noticias, eventos y nuestra Frase de la Semana.


He leído y acepto el acuerdo de privacidad
Facebook
Twitter